Amanecer en tu cama, bien temprano, sabiendo que te vas a acostar en otra ciudad y con la sensación de estar de vacaciones es algo digno de Mr. Wonderful. Marta y yo cogimos bien temprano el bus rumbo a Sevilla, y tras llegar y coger otro bus hasta el aeropuerto, embarcamos a eso de las 12.30 horas con Transavia.

Tras un vuelo correcto en horarios, llegamos al Aeropuerto de Schiphol (1) a la hora programada (sobre las 16.00 h) y con una temperatura baja pero muy aguantable. Desde aquí hay varias opciones para llegar al centro, y en gran medida dependerá de donde se encuentre cada alojamiento. La opción más elegida por los visitantes es coger un tren que conecta directamente el aeropuerto con la estación central de Ámsterdam en alrededor de 20 minutos, estando la entrada a este en el interior del propio aeropuerto (y muy bien señalizado).

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Primer punto del día: Schiphol al suroeste del casco histórico.

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Puntos más relevantes del día 1, ubicados alrededor del centro de la ciudad

Debido a que nuestro alojamiento se encontraba cercano a Vondelpark, el parque más grande la ciudad, si hubiéramos cogido el tren tendríamos que haber tomado posteriormente un tranvía con bastantes paradas. De igual manera los taxis tienen tarifas muy elevadas, por lo que también descartamos esa opción. De este modo nos decidimos por coger un bus, que iba a tardar más o menos el mismo tiempo en llegar que la combinación tren+tranvía pero era mucho más cómodo para ir cargando con las maletas lo menos posible.

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Entrada/Salida del aeropuerto de Schiphol

Los buses paran frente a la salida del aeropuerto, y junto a las marquesinas hay pantallas con el número de bus, el destino y el tiempo hasta que llegue el siguiente, por lo que no hay lugar a confusiones. En nuestro caso nuestro bus era el número 197 que llegada hasta Leidseplein, plaza céntrica y muy concurrida también cercana a nuestro albergue. El precio del bus fue 5€/billete y se paga directamente en él.

Alrededor de 45 minutos después nos bajamos en la parada anterior a Leideseplein (2) y pusimos rumbo a pie hasta nuestro alojamiento, el Stayokay Amsterdam Vondelpark (3)Habíamos leído mucho acerca de los alojamientos: que si eran muy caros, que si eran demasiado antiguos, que no tenían ascensor… Tras mucho comparar nos decantamos por el Stayokay (que posee una red de albergues por todo el país) y acertamos de lleno. Cualquier alojamiento que encontréis en el centro histórico o alrededores se encuentra bien situado al estar todo muy concentrado.

Stayokay Amsterdam Vondelpark

El albergue posee unas instalaciones bastante nuevas, en un lugar inmejorable con buenas vistas a Vondelpark, alejado de ruido y con incluso un bar que ofrece fiestas temáticas durante la semana. De igual manera el precio era bastante asequible para lo que estuvimos viendo y nos incluían el desayuno (225,97€/4 noches/total). Nuestra habitación contaba con baño privado y la única pega es que las dos camas se encontraban en forma de litera, pero preferimos ahorrar algo de dinero y de paso asegurarnos un alojamiento de garantías, ya que en el albergue solo íbamos a dormir. Si viajáis en grupo este albergue debe de ser una de vuestras prioridades si o si.

Nada más dejar las maletas pusimos rumbo hasta el centro de la ciudad, ya que teníamos reservado un Tour por el Barrio Rojo. Como teníamos tiempo limitado y queríamos comprar unas patatas fritas, nos aligeramos para comernos las primeras del viaje. Ya por el camino, y aunque ya era de noche, pude vislumbrar la belleza de los canales de ciudad, la cantidad de bicicletas que había (con motos circulando por el carril bici y sin casco), el olor a marihuana que te de daba en la cara cada dos esquinas (o bien que en Ámsterdam se come puchero a todas horas con mucho apio, lo que ustedes creáis más) o lo animada que estaba la ciudad.

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Primera foto de muchas en los canales

De esta manera llegamos hasta Vlaamse Frites (4), donde pedimos un paquete de patatas fritas y un refresco (4,75 €) para quitarnos el antojo. Nos sentó de diez, estaban riquísimas. Aunque sea un manjar muy sencillo y no tenga ciencia ninguna, las patatas me parecen uno de los placeres prohibidos de la comida basura. Además era el cumpleaños de Marta, ¡mirad que feliz con su cartucho y su banda de cumpleañera!

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Desde aquí y bajando la concurrida calle Damrak llegamos justo a tiempo a la Plaza Dam (5) para comenzar el Tour por el Barrio Rojo, reservado con Sandeman (14€/persona). El tour en sí nos pareció muy interesante ya que cuentan cosas que yendo al barrio por tu cuenta y solo viendo las características propias de este no llegas a comprender. Debido a que hay riesgo de que te rompan la cámara en el barrio si ven que haces foto inadecuadas a escaparates con prostitutas decidí no realizar ninguna y disfrutar más tranquilo de la experiencia.

La primera parada del tour fue en la famosa tienda ampliamente fotografiada la Condemerie (6). En ella se pueden encontrar todo tipo de preservativos para todos los gustos e incluso es posible de antemano, a través de su pagina web, saber que talla es la más adecuada para tus compras. La verdad es que cuanto menos es un local muy variopinto e interesante de ver, y se encuentra aún a las afueras del barrio.

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Condomerie

Es increíble como esta organizada la prostitución en la ciudad. En las calles de todo el barrio se pueden encontrar escaparates con luces rojas sobre estos, que albergan chicas con poca ropa exhibiéndose a través de ellos. Cada una de ellas es autónoma y tiene alquilado por horas el escaparate donde ejerce. Estos escaparates aumentan de precio en función de donde se encuentran situados y son alquilados a agencias que se ocupan de ellos, además de dar protección a las chicas que los alquilan. Asimismo las chicas poseen en su interior botones que pueden pulsar en caso de que algún cliente haga algo inadecuado en el interior, haciendo accionar alarmas que se encuentran en el fachada del edificio. Estés a favor o en contra de la prostitución, lo que queda claro es que la ciudad parece ser muy tolerante. Aún así, el guía nos explicó que cada vez había menos personas ejerciéndola.

Que no se diga, estrellita para Navidad

Asimismo en el barrio se pueden encontrar multitud de espectáculos de sexo en vivo. Estos lugares están marcados con un dibujo de un elefante rosa en su exterior y se suele pagar alrededor de 50 € (con alguna copa incluida) para su entrada. El guía nos acercó hasta un lugar en concreto donde se podía acceder a cabinas donde mediante el pago de 2€ se abría una pantalla donde ver un espectáculo de sexo en vivo durante dos minutos. Marta y yo entramos solo por la experiencia y he de confesaros que estuvimos dos minutos riéndonos más que otra cosa, ya que había una pareja en una cama realizando preliminares y el señor, que no tenía ningún pelo en todo el cuerpo, tenía los cataplines bastantes voluminosos y colgando como el moco de un pavo de forma bastante exagerada. Daban para entrenar boxeo. Sin duda 2€ muy bien invertidos sólo por la anécdota que nos quedó.

El lugar se llama Peepshow (7) y os muestro una captura sacada de Google. Eso sí, si entráis el guía nos dijo que solo en las cabinas que quedan a la izquierda de la entrada.

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Peepshow, en el Barrio Rojo

Finalmente, y tras una última vuelta a través de escaparates llegamos incluso a ver tras el suyo a la dominatrix del gremio (algo así como la cabecilla). Era una mujer más entrada en años y con un cuerpo menos definido que los que se podían ver en otros escaparates, sin embargo el guía nos contó que ella posee el mejor escaparate de todo el barrio y que muchas personas van a la ciudad sólo por verla a ella (y sentir sus latigazos). Este escaparate se encuentra en la esquina de la intersección de las calles Oudezijds Achterburgwal y Monnikenstraat. Para gusto los colores. Yo me quedo con las patatas fritas con mayonesa.

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El tour nos pareció bastante interesante, y a poco que estéis interesados en el tema y queráis saber mas sobre como funciona el barrio, lo recomendamos encarecidamente. El Barrio Rojo se encontraba esa hora a rebosar, con gente paseando sin pausa por sus calles, con cofeeshops y bares llenos. Tras finalizar nuestro tour nos pusimos rumbo a una hamburguesería que habíamos reservado unos días antes (es aconsejable reservar cualquier sitio que queráis ir): Cannibale Royale (8), un local muy acogedor con una luz muy tenue y mesitas altas de madera. Nosotros reservamos a través de la web, el local de la calle Handboogstraat.

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Cannibale Royale burger

En Ámsterdam podéis encontrar un gran surtido de hamburgueserías, con algunas realmente espectaculares. Nosotros nos decantamos para celebrar el cumpleaños de Marta por este lugar. Ya que no queríamos acabar con la barriga a reventar pedimos unos nachos con diferentes salsas para compartir y la especialidad de la casa: «La Cannibale Royale», una hamburguesa de 250 gramos con queso cheddar, tiras de pollo asado, cebolla, col fermentada y salsa barbacoa. Estaba increíble, las imágenes alimentan una ballena por si solas.

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Tras una buenísima cena acompañada con unas cervezas (28 €/total), y un día ajetreado con el viaje, decidimos ir andando con tranquilidad hasta el hotel para reponer fuerzas. Cabe destacar que justo al lado del local donde cenamos podéis encontrar el Coffeeshop Dampkring, que en su día salió en una escena de una película de George Clooney y Brad Pitt, Ocean´s Twelve. Pinchando aquí podéis ver la escena.

Llegando a nuestro alojamiento comprobamos como la zona de Leideseplein estaba bastante animada, y es que la ciudad ofrece una oferta de ocio nocturno muy apetecible para cualquiera que le guste un poco el cachondeo. Sin embargo, yo estada deseando conocer la ciudad a la luz del día, donde verdaderamente luce.

¡Me estaba encantado la ciudad y que bien celebramos los 27 de Marta!

Ámsterdam. Febrero 2017. Organización y planificación

Día 2: Llegada + Bloemenmarkt (Mercado de las Flores) + Freetour + Museo Van Gogh + Heineken Experience

Día 3: Zaanse Schans + Tarde de cervezas + FoodHallen

Día 4: Amsterdam Arena (Ajax) + Último paseo + Vuelta a la realidad