Amanecía la ciudad con su característico nublado propio de invierno y por otro lado, Marta y yo, amanecimos temprano deseosos de vivir un sábado lleno de cosas por hacer, y es que teníamos varías visitas programadas de antemano para ese día, tales como un freetour, el Museo Vang Gogh o la Heineken Experience.

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Puntos de interés del día 2

Pero antes de ponernos en marcha, tocaba desayunar fuerte en el hotel y comprobar como era este. Y la verdad que no decepcionó, todo muy rico y bastante variedad.

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Tras un desayuno con los ojos aún pegados nos dirigimos a pie a ver la ciudad amanecer, siendo una de las grandes ventajas el hecho de que el albergue estuviera pegado a Vondelpark (1), el parque más grande la ciudad, ya que daba fuerza comenzar la jornada en este paraje de naturaleza. ¡Qué tranquilidad!

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La ciudad a las claritas de día luce muchísimo. Entre canales, bicicletas y quesos (yo no soy amante de este alimento pero para el que lo sea decir que los Países Bajos es su país fetiche) estábamos despertándonos poco a poco. Nada que ver con el día anterior.

Tras andar hasta el centro histórico llegamos a Bloemenmarkt (2), o lo que es lo mismo, el mercado de flores por excelencia. La mejor fecha para visitarlo (así como el propio país) es Abril y  Mayo, cuando los tulipanes florecen y el lugar ofrece colores y olores únicos. En otras fechas, como la nuestra, el mercado no es más que la venta de souvenirs y semillas. El mercado, que data de 1842, recorre todo el lateral de un canal.

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De esta manera, tras deambular un rato, nos dirigimos de nuevo hasta la Plaza Dam (3), donde comenzaría el freetour que teníamos reservado de nuevo con Sandeman. Como ya expliqué en otras ocasiones, este tipo de actividades nos encanta realizarlas el primer/segundo día de cualquier lugar que visitamos ya que ofrece una visión histórica/cultural muy buena para disfrutar los días venideros y fijarte en más detalles que se te puedan escapar. Igualmente, aunque nosotros nos decantemos por esta empresa, cualquiera que ofrezca el servicio puede ser igual de buena.

Plaza Dam, con el Palacio Real al fondo.

En esta plaza, una de la más céntricas e importantes, podemos encontrar un gran obelisco que es un monumento nacional dedicado a los soldados holandeses caídos en la II Guerra Mundial, el lujoso Palacio Real, la Iglesia Nueva o el archifamoso museo de cera Madame Tussaud.

Plaza Dam, con el Monumento Nacional.

Nuestro guía David, zaragozano, nos hizo sobre el terreno una introducción histórica de la ciudad con el fin de iniciar el recorrido con una base sobre la misma. Nuestro primer punto de interés fue de nuevo el Barrio Rojo, muy diferente por la mañana, pero igualmente con algunas chicas en los escaparates. Una de las curiosidades del barrio es que en su punto central encontramos la Oude Kerk (4), o lo que es lo mismo, la Iglesia Vieja, la más antigua de la ciudad. El contraste personalizado.

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Oude Kerk, la Iglesia Vieja

En su día la iglesia se lucraba a costa del pecado del pueblo en el barrio. Una de las curiosidades de la plaza donde se encuentra la misma es una escultura en el suelo, entre los adoquines, que simula la mano de un hombre cogiendo un seno femenino. Nadie sabe a ciencia cierta como surgió, pero se dice que quien la toque tendrá buenos años sexuales por delante (yo por si acaso toqué). Este tipo de esculturas anónimas son muy comunes en toda la ciudad.

Como he comentado, el Barrio Rojo o Red Light District ofrecía una imagen muy diferente a la noche del viernes anterior, con canales muy hermosos y locales aún vacíos.

Dejando el barrio atrás llegamos hasta el barrio de Niewmarkt, uno de lo más antiguos y que a su vez alberga el barrio chino de Ámsterdam, siendo la calle Zeedjik la principal del mismo, en especial si te gusta la comida china. Finalmente llegamos a Niewmarkt (5), plaza central del barrio y que alberga algunos días de la semana un mercado callejero. El edificio medieval que gobierna la plaza fue en su día una aduana, sirviendo hoy como restaurante/cafetería. Como curiosidad, en este barrio, las calles se pueden leer tanto en neerlandés como en chino.

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En la esquina sureste de la plaza da comienzo el Barrio Judío (aunque en la actualidad sólo conserva el nombre ya que el barrio fue arrasado por los nazis durante la II Guerra Mundial). Este barrio, que no nos dio tiempo a conocer, cuenta como principal reclamo la Sinagoga Portuguesa.

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Entrada al Barrío Judío desde Niewmarkt

Llegados a mitad del tour hicimos una parada de descanso en un restaurante. Nosotros aprovechamos para comernos unas galletas de chocolate caseras rellenas de chocolate blanco que nos habían recomendado de un local cercano. El lugar se llama Van Stepele (6), y lo único que venden son estas galletas que puedes apreciar como las hacen al momento. Cada unidad vale 1,95 € y te la dan recién hechas. Brutales. Conozco gente que visitaría la ciudad sólo por esto.

Volviendo al tour, nuestro próximo punto de interés sería Beginhof (7), un lugar lleno de paz y tranquilidad en medio del bullicio de la ciudad donde inicialmente vivía una hermandad femenina católica laica. El lugar es un pequeño barrio en sí mismo de casas chulísimas con jardines a su alrededor y una iglesia (se puede entrar de forma gratuita). Hoy en día, se mantiene la tradición de que sólo pueden vivir mujeres en su interior, con una lista de espera de muchísimos años, ya que estas pagan alquileres irrisorios. En su interior también se encuentra la casa más antigua conservada de la ciudad, hecha en madera (se puede ver en negra en las imágenes).

Desde este punto, y atravesando el Amsterdam Museum por su parte inferior, deambulamos por la ciudad viendo y escuchando algunas anécdotas, así como la forma de vida. Debido al elevado precio del suelo, se han ingeniado recursos para obtener casas lo más económicas posibles construyendo hacia arriba (no existen edificios excesivamente altos debido que toda la ciudad en sí es un pantano). Ejemplo de esto es la casa más estrecha de la ciudad (8), al lado del puente Torensluis, en los alrededores del barrio de Jordaan. Igualmente se observa como subir el mobiliario, se tienen agarraderas que sobresalen en todos los edificios del centro histórico, ya que prácticamente ninguna posee ascensor y las escaleras son muy estrechas. De esta forma se forman las características casas que se aprecian en la postal más típica de cualquier tienda de souvenirs.

Nuestro recorrido terminó finalmente en el Barrio de Jordaan, junto al Homomonument (9), un monumento inaugurado en 1987 que recuerda a todos los homosexuales, gays y lesbianas que han sufrido persecuciones por su orientación sexual. Este barrio es uno de los más bonitos para pasear y perderse entre sus canales, lástima que no tuviéramos más días. Igualmente también se encuentra la famosísima Casa de Ana Frank.

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Homomonument, en el Barrio de Jordaan

Con el hambre acechando tras tanta caminata, y con tiempo limitado para buscar un restaurante más cómodo, nos encaminamos a comprar patatas fritas y algún trozo de pizza hasta la calle Damrak. Concretamente nos dirigimos primero a Manneken Pis (10), donde pedimos unas patatas medianas con Cheddar (4,70 €) y posteriormente a una pizzeria que había a 30 metros, New York Pizza (10), donde pedimos dos trozos de pizza y unos refrescos (9,50 €) y nos sentamos en una mesita a desgustar todo. Gloria bendita.

Y caminando hasta nuestra próxima parada… ¡salió el sol! Daba gusto pasear por los canales con sus aguas reflejando el cielo.

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El Museo Van Gogh (11) se encuentra en Museumplein junto al Rijiksmuseum (al cual no llegamos a ir y que cuenta con importantes obras de Rembrandt) y las famosas letras de I amsterdam, las más fotografiadas de las que se encuentran repartidas por la ciudad. Hacerse una foto en ellas es casi una quimera, ya que durante todo el día la gente se amontona para intentarlo. A las pruebas me remito.

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En el centro de la plaza hay una fuente enorme, prácticamente seca cuando estuvimos, y un solar con césped ideal para tomar una cerveza en él en días soleados. Sin embargo teníamos reservada la entrada para ver las principales obras de Van Gogh. La entrada la compramos a través de la página web por 17 €. Precio muy abusivo. Lo peor de todo es que si quieres una audio guía tienes que pagar 5 € adicionales. Atraco a mano armada que no estuvimos dispuestos a asumir.

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El museo es moderno y se puede visitar en alrededor de 2 horas, variando en gran medida con la adquisición de la audio guía o el interés por sus obras. No somos amantes del arte, pero las obras del autor son espectaculares.  Mi obras favoritas del autor son la noche estrellada (que no se encuentra en este museo) y los diferentes cuadros de su habitación en Arlés. Una vez más nos vamos con la sensación de que con un guía adecuado hubiéramos disfrutado mucho más del recorrido de un lugar como este. En el interior está prohibido hacer fotos en la mayoría de salas.

Salimos en dirección al primer punto del día, Vondelpark (1), para disfrutar de los últimos momentos de sol antes de seguir con los lugares programados. Nos hubiera encantado tener más tiempo para disfrutar de un paseo en bicicleta por él o tomarnos una cerveza en un bar con mucho encanto que se encuentra en mitad del parque.

Tras un paseo relajado nos fuimos en dirección a Heineken Experience (12), una especie de recorrido-show que la marca holandesa de la cerveza verde ofrece a sus visitantes en un edificio que antaño fuera fábrica. De la misma manera que en otros lugares, también reservamos a través de su página web (16€/persona). El recorrido nos lleva por la historia de la marca, y de igual manera nos enseñan la receta de su cerveza y como la llevan a cabo (todo en inglés).

Al ser sábado por la tarde, el lugar estaba hasta los topes y tuvimos que esperar más de media hora para entrar en una especie de cine pequeño donde mostraban un vídeo mientras el suelo se movía o te lanzaban agua. Si podéis ir en otro momento más tranquilo mucho mejor.

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Posteriormente llega una parte mucho más interactiva en la que puedes interactuar con diferentes juegos y enviar fotos a tu correo o crear una cerveza conmemorativa con una leyenda que elijas y comprar la botella en la tienda.

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Pudimos comprobar como de buenos eramos echando una Heineken virtual en un vaso, sentarnos en un banquillo de fútbol o recorrer mediante una pantalla Ámsterdam en bicicleta. 

Pero sin duda alguna, como buenos cervezeros y tras el antojo desde el minuto 1 que entramos por la puerta, lo mejor viene al final. Llegas a un bar que hay en la terraza donde puedes consumir dos cervezas que vienen incluidas en el precio de la entrada y disfrutar de las vistas de la ciudad desde la terraza exterior. Esto fue lo que más nos gustó. La experiencia es divertida, pero puede que haya mejores cosas que hacer si tenéis pocos días, y más si no sois grandes amantes del oro líquido.

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Nada más salir vimos un bolso de oferta que nos llamó la atención, con un consejo profundo que llega al alma y te hace pensar en el existencialismo humano a niveles insospechados durante horas. Juzguen.

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Con todo el hambre del mundo nos dirigimos hasta un pequeño lugar que dispensa comida tipo Wok, Wok to Go (13). Nos pillamos un caja de tallarines con pollo y crema dulce y un refresco (7€) para compartir y nos pusimos las botas.

Como curiosidad, de camino al albergue, paramos en FEBO (14), una cadena de comida rápida afincada en el país donde puedes comprar las frituras que ofrecen a través de ventanillas, pudiendo elegir tu mismo la pieza que más te guste introduciendo las monedas al lado de las mismas. Compramos una croqueta típica (Dutch Kroketten) por 1,80 € y salimos del antojo.

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FEBO

El día había sido laaaaarguísimo pero lo habíamos aprovechado al máximo. No nos quedaban más fuerzas que para irnos a descansar, ¡Al día siguiente teníamos excursión a Zaanse Schans y sus molinos de viento!

Ámsterdam. Febrero 2017. Organización y planificación

Día 1: Llegada + Tour Barrio Rojo + Primera hamburguesa

Día 3: Zaanse Schans + Tarde de cervezas + FoodHallen

Día 4: Amsterdam Arena (Ajax) + Último paseo + Vuelta a la realidad