Nuestro tercer día en Ámsterdam nos iba a brindar la oportunidad de conocer un pueblecito de ensueño reconstruido emulando la vida en la región en siglos pasados: Zaanse Schans, al norte de la ciudad. Aunque esta ofrece la posibilidad de otras excursiones, nosotros nos decantamos sólo por esta por falta de más tiempo.

Puntos del día 2 en Ámsterdam

Puntos del día 2 en Zaanse Schans

Aprovechando la tranquilidad que brinda el despertarse temprano y la cercanía al albergue, lo primero que hicimos fue hacernos una foto en condiciones de las famosas letras de I amsterdam (1) de Museumplein, ya que el día anterior por la tarde estaba abarrotado.

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Para aprovechar mejor los tiempos, y ya que nos haría falta, compramos tickets válidos para tranvías/buses/metro durante los dos días que nos quedaban en la ciudad (12,50€/billete/persona). Aquí podéis encontrar información y rutas. Los tranvías cuentan con el propio conductor y un revisor en una cabina, por lo que no es recomendable intentar viajar sin ticket.

Con un poco de lluvia tomamos el tranvía 5 desde Museumplein y llegamos hasta Amsterdam Central (2), la estación de la ciudad, alrededor de las 9.00h. Por si os sirve de ayuda, justo enfrente tenéis una oficina de turismo donde comprar mapas a 2,50 €, carísimo, como todo en la ciudad.

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Estación Amsterdam Central

Llegar hasta Zaanse Schans es muy sencillo y toma alrededor de 15-20 minutos más 10 minutos caminando. Basta con tomar un tren de cercanías dirección Uitgeest y bajarse en la parada de Zaandijk Zaanse Schans, tren que pasa alrededor de cada hora. Hay mostradores entrando en la estación de Amsterdam Central en la que podéis preguntar y aseguraros de la ruta. El billete cuesta 7,20 € por persona ida y vuelta y se compra en unas máquinas amarillas que se encuentran alrededor del hall.

Una vez en la pequeña estación de Zaandijk Zaanse Schans (3), en la cuál tenemos un grafismo con un mapa de la zona, llegar al pequeño pueblo verde con molinos es muy sencillo. Basta con seguir la calle que nos encontramos a la salida todo recto y posteriormente doblar a la izquierda hasta ver un primer molino, para posteriormente girar a su derecha y cruzar un puente desde el que ya se observa una bella postal de los molinos (4).  Por el camino veréis una fábrica de chocolate, y si tenéis suerte, oleréis chocolate durante toda la mañana. Y os entrará el antojo, advertidos quedáis. En el mapa del día os señalo el camino completo a pie.

Tras cruzar el puente, justo a la izquierda está nuestro destino del día, la entrada a Zaanse Schans (5). El lugar es sacado de un cuento, casitas bajas de madera, con césped y arbolitos alrededor y pequeños canales de agua rodeando todo. Me sentí inmerso en la Comarca de El Señor de los Anillos durante los primeros pasos.

¿Hobbiton?

Cruzando el tramo de casitas podemos llegar hasta un pequeño embarcadero donde deleitarse con la visión de los molinos de viento a lo largo del río. Un lugar genial para llevarse una foto única del lugar.

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Molinos de viento, y a la derecha, un pequeño embarcadero

Como prueba irrefutable de punto turístico muy visitado es el hecho de que hay que pagar 50 céntimos si queremos usar los servicios. Y es que Ámsterdam, en este sentido, es muy parecido a otras ciudades donde ya tuvimos que pagar en casi cualquier lugar como Berlín. Anda que no.

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Una ciudad y alrededores donde hay que pagar por todo

Siguiendo un sendero a lo largo del río es posible ver todos los molinos de cerca e incluso alguno es visitable. En nuestro caso, y aprovechando la ocasión, entramos en el penúltimo de ellos, apodado Het Jonge Schaap (6), el cual abre todos los días de la semana de 9.30 a 16.30 h y pertenece a una fundación que se encarga de preservar este tipo de infraestructuras en la zona, En su página web tenéis mas información. La entrada es 4€ para adultos y 2€  para niños.

El molino funciona como aserradero, con un mecanismo por el cual unas cuchillas enormes cortan madera. Había una demostración de su funcionamiento, lo que nos pareció muy interesante. En la parte baja se encuentra un pequeño museo con herramientas e historia del mismo. Por desgracia no es posible subir a la parte alta del molino. Por simple curiosidad merece la pena la entrada.

Volviendo a la zona de casitas, se pueden encontrar diferentes comercios donde comprar souvenirs, quesos, chocolate o incluso una tienda especializada en zancos, con modelos para todos los gustos. La magia del lugar es la tranquilidad y la integración con la naturaleza.

Y cuando ya nos íbamos… ¡salió el sol! El día nos sorprendió y nos regaló una estampa muy bella del lugar. Con la iluminación, el lugar gana aún más en belleza. Sin duda la época recomendable para visitar este lugar debe de ser primavera y verano.

Como la visita no toma más de una mañana larga, nos encaminamos de vuelta hasta la estación por el mismo camino y una vez en Ámsterdam nos fuimos directos a comer a un lugar que teníamos anotado cerca de la estación, Vapiano (7), un restaurante con locales por varios países.

Las vistas desde la primera planta son bastante buenas, y con el solecito que llegaba a través de los cristales comimos en la gloria. Pasta boloñesa, pizza barbacoa chicken y dos refrescos por 22,40 €.

Desde aquí aprovechamos para echar un vistazo a la Openbare Bibliotheek Amsterdam (8), la biblioteca pública de la ciudad. En los meses con mejor tiempo hay una terraza en la última planta con vistas excepcionales, por desgracia en febrero se encontraba cerrada, aunque se pueden apreciar las vistas a través de los cristales. La biblioteca está genial y muy bien acondicionada, todo una gozada para amantes de la lectura como yo.

Openbare Bibliotheek Amsterdam

La tarde la pasamos vagando por el centro de la ciudad, previo café, paseando entre tiendas y comprando algunos regalos para casa, hasta llegar a la Plaza Spui (9), donde es posible encontrar multitud de bares y librerías.

Una de las grandes sorpresas del viaje nos la llevamos con la Cervezería Brouwerij´t IJ (10). Este lugar se encuentra en la planta baja de un molino de viento y sirve cerveza artesana elaborada por ellos. Es el único lugar de Ámsterdam donde se puede encontrar esta cerveza en barril. Para llegar hasta allí tomamos el tranvía 14 en dirección este (también se puede llegar desde el 10), bajándonos justo en una parada que quedaba al lado. Un lugar único para los que disfrutamos con la cerveza.

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Una cervecería espectacular

Pedimos unas Plzen (2,90 €/unidad) y posteriormente una tabla de todos los tipos de cerveza que poseen (10 €) muy recomendable para probar todas las especialidades. Estaban genial. La única pega del lugar es su horario, ya que aunque abre todos los días, es muy limitado, de 14.00 a 20.00 horas. Particularmente, me gustó tanto, que me llevé hasta la camiseta de la marca (15 €). De los mejores momentos del viaje.

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Y con tanta cerveza en el cuerpo, nada mejor que un mercado con puestos de comida para todos los gustos: italiana, japonesa, tailandesa, etc. Volvimos a tomar el tranvía 14 de vuelta y nos dirigimos directamente en él hasta el FoodHallen (11), muy concurrido por gente localista, y un lugar que de nuevo, fue una sorpresa ya que no se habla de él demasiado cuando se busca información sobre la ciudad.

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FoodHallen

Por desgracia, y aunque cerraba a las 23.30h, la mayoría de los puestos estaban cerrando, por lo que apenas tuvimos opciones donde escoger, por lo que nos decantamos por una hamburguesa cowboy con bacon, huevo y salsa butcher (14,80 €) para compartir de The Butcher. No nos pareció gran cosa, además de ser bastante cara. Puede que sea aconsejable visitar este mercado al medio día o una noche de viernes o sábado. Tenéis información de horarios en la página web del mercado.

Volviendo a nuestro querido tranvía 14  nos dirigimos hasta Rembrandtplein (12), para ojear el ambiente de esta plaza tan concurrida llena de ocio nocturno. En el centro de la plaza se encuentra la estatua de Rembrandt, uno de los pintores barracos más importantes del país, una de las más antiguas de la ciudad. Desde 2006 a su alrededor se encuentran figuras de bronce que representan su cuadro más famoso, La Ronda de Noche, que puede ser visto en Rijksmuseum en la propia ciudad.

Y sin más fuerzas para nada, nos volvimos caminando aprovechando la tranquilidad de los canales de la ciudad hasta el alojamiento, con uno de esos paseos nocturnos que valen por 100 años más de vida. Sólo nos quedaba medio día, !What a pity!

 

Ámsterdam. Febrero 2017. Organización y planificación

Día 1: Llegada + Tour Barrio Rojo + Primera hamburguesa

Día 2: Llegada + Bloemenmarkt (Mercado de las Flores) + Freetour + Museo Van Gogh + Heineken Experience

Día 4: Amsterdam Arena (Ajax) + Último paseo + Vuelta a la realidad