Como en todos nuestros viajes, otro día más amanecimos muy temprano, en este caso más que justificado: íbamos a ir a visitar a la cercana Oranienburg el Campo de Concentración de Sachsenhausen, uno de los muchos que había durante la II Guerra Mundial repartidos por todo el espacio conquistado perteneciente a Alemania. Por su parte, yo ya andaba algo nervioso-expectante por el partido de Bundesliga que íbamos a presenciar por la noche entre el Hertha de Berlín y el Borussia Mönchengladbach. Como siempre os dejo los mapas con los puntos más importantes del día.

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Oranienburg (Campo de Concentración), señalizado el camino a pie

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Puntos más céntricos del día

El estadio olímpico de Berlín se encuentra un poco más alejado del centro (Zona B del Metro)

El primer desayuno de un viaje, tras amanecer en una nueva ciudad, es uno de los grandes placeres prohibidos: sentirse con mucho por descubrir, ver la ciudad despertando, empezar a darte cuenta de donde estas… Vais a encontrar cafeterías y comida «take away» (para llevar) por todos sitios en Berlín, especialmente en las zonas cercanas al metro o directamente en su interior. El olor que desprenden le levantan el hambre a cualquiera. Nosotros nos pasamos por Starbucks y Dunkin Donuts (que típicos somos, lo sé) y nos adentramos en el metro para llegar a nuestro primer destino.

Desde la parada de metro de Zoologischer Garten (1), cogimos los diferentes transbordos hasta llegar a Oranienburg (2), donde se encuentra el campo de concentración. Como os expliqué, necesitáis un billete ABC y la estación se encuentra al norte de Berlín. El como lleguéis hasta allí no es más que fruto de los transbordos que necesitéis hasta alcanzar la línea rosa S1 de U-bahn. Moverse es muy sencillo. En alrededor de 45 minutos-1 hora estábamos allí.

Oranienburg

Desde este punto, y para llegar al Campo de Concentración de Sachsenhausen (3), tenemos dos opciones: caminando o en bus. En cualquiera de las opciones vais a tardar prácticamente lo mismo, por lo que recomiendo ir andando y disfrutar de una ciudad más pequeña, típica alemana, durante el trayecto de alrededor de 15-20 minutos. En el mapa del principio del post os dejo el camino más rápido que fue el que hicimos nosotros. Todo el camino, aún así, esta señalizado si vais caminando. Finalmente os encontrareis de frente con una serie de muros que os llevan al punto de información del centro conmemorativo.

Debéis de saber que todo lo que vais a ver desde este punto hacia dentro no es el campo original de la época, si no que todo esta reconstruido al detalle para hacer de este lugar una conmemoración a lo que no se debe de repetir en la historia. Aún así la experiencia es totalmente inmersiva y está muy lograda, por lo que la visita (de 3 a 4 horas si vemos todo) es bastante dura si tenemos bien claro todo lo que conlleva, y para mi, imprescindible si se visita Berlín. Para horarios os dejamos la web oficial.

La visita es totalmente gratuita y se puede hacer por cuenta ajena sin necesidad de contratar guías desde el centro de Berlín, tal y como hicimos nosotros, y como os he contado, mediante el alquiler por 3€ de audio guías en español (con tomar una para dos vale, ya que son como un altavoz). La audio guía se complementa con un mapa del lugar. Nosotros lo hicimos así ya que los tours salían más tarde y perdíamos mucho tiempo valioso del día. Sin embargo tal vez la visita se disfrute más con tour, ya que todo estará mucho mejor explicado. Aunque la mayoría de empresas cobran alrededor de 10-15 € por el tour, hay una empresa que la realiza totalmente gratuita, tenéis el enlace aquí.

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Audio guía y mapa

El Campo de Concentración de Sachsenhausen fue uno de los primeros que abrió sus puertas para el partido Nazi y estuvo abierto entre 1936 y 1945 albergando alrededor de 200.000 personas entre presos de guerra, minorías y enemigos de guerra. Tras la caída del campo a manos soviéticas, el lugar fue aprovechado por estos para tener presos de diversa índole, en su mayoría nazis.

En la entrada por sus puertas principales se puede ver el lema «ARBEIT MACHT FREI» («el trabajo os hará libres») que el régimen nazi utilizo en varios campos de concentración, entre ellos el archiconocido Campo de Concentración de Auschwitz a las afueras de Crackovia (Polonia). Recomendamos buscar fotos del lugar antes de ir en Internet para cortejarlas luego con la realidad que vemos durante la visita.

«El trabajo os hará libres», ironías…

Como puntos más destacados del recorrido encontramos el barracón 38, donde tenían preso a judíos y donde se puede apreciar como vivían a través de sus habitaciones, aseos y salas comunes, el edificio de las celdas de castigo, que servía como cárcel del campo, las barracas destinada a la enfermería, con tratos crueles, o los cimientos del crematorio y de las instalaciones de exterminio. Lugares que dejan sin habla y que te harán replantearte muchas cosas durante la visita. La reflexión es la gran victoria del centro conmemorativo.

Tenéis también a vuestra disposición en el lugar muchas exposiciones con ropaje, documentos y herramientas. Podría escribir más y más acerca del campo y los lugares que encierra, pero no hay nada como descubrir este lugar por uno mismo. Todo el mundo debería ver un centro de este tipo alguna vez en la vida, y comprobar el terror que personas como nosotros han sufrido en sus propias carnes, de modo que valoremos la vida tal y como es, un regalo para ser y hacer feliz.

Tras esta experiencia vital, y con mucho aún por digerir, pusimos rumbo de nuevo hacia la estación de Oranienburg para volver a la capital. Por el camino entramos en un Netto, una cadena típica de supermercados en Alemania, para picar algo por el camino. Tengo que deciros, como ex-Erasmus del país, que algo que no puede faltar cuando lo visitéis es la entrada a un gran supermercado y concretamente a la sección de chocolate y porquerías variadas. Es todo un espectáculo. Los productos alemanes son en general de gran calidad. Para muestra un botón, en forma de foto, nachos con barbacoa y miel. Ya os pondré más fotitos en días sucesivos donde seguimos comprando… La marca del producto habla por si sola: «Chio mio de mi alma como está esto».

Nachos con barbacoa y miel… mmmmmmm

Y con el estómago alborotado por los nachos nos pusimos en marcha hacía una hamburguesería que habíamos leído que tenía una de las mejores hamburguesas de Berlín: Burgermeister (4), en la parada de la línea verde U1 Schlesisches Tor. Se encuentra justo al lado del East Side Gallery, por lo que comeríamos algo allí y veríamos una de las galerías al aire libre más famosas del mundo como postre.

Esta hamburguesería es una especie de kiosko bajo las vías del metro y antiguamente eran servicios públicos. Tal como salís de la parada de metro mencionada lo veréis justo enfrente. No tiene perdida.

Burgermeiester, con el metro pasando por encima y la parada al fondo

Tras un echar un vistazo a la carta lo teníamos más que claro. Pedimos dos meisterburger (hamburguesa con bacon, salsa barbacoa, lechuga, cebolla frita y mostaza) y dos coca-colas por 12,80 €/total. Estaban riquísimas. A diferencia del kebab de Musfata´s que no me pareció gran cosa después de tanto bombo, estas hamburguesas si que estaban a la altura de su fama.

Me comería cuatro ahora mismo…

Tras una comida buenísima nos dirigimos hasta el trozo de Muro de Berlín más famoso en la actualidad, aunque para ello debíamos cruzar el río Spree por uno de los puentes más bonitos que podéis encontrar: Oberbaumbrücke (5). Este puente enlaza los barrios de Friedrichshain y Kreuzberg y fue reconstruido por última vez por el arquitecto español Santiago Calatrava. Merece la pena pasarlo por debajo y ver las vistas desde él.

Con el puente al fondo, tras atravesarlo desde la otra orilla

Debido a la posibilidad de recorrer el puente por sus entrañas, la parada de metro que os comenté con anterioridad es la más propicia para llegar a hasta uno de los sitios simbólicos por excelencia: el East Side Gallery (6), es decir, el trozo de Muro de Berlín más largo que se conserva (1,3 km), decorado con murales hechos por artistas de todo el mundo. A mí parece una pasada de principio a fin. Cuestión de gustos.

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El principio de la galería

Estaba ya casi anocheciendo por lo que el momento de luz era ideal para disfrutarlo. Por desgracia para nosotros estaba en su mayoría en fase de repintado, por lo que muchos murales tenían una valla delante que hacía que no lucieran como debían. El lado positivo (siempre hay que verlo) es que la mayoría ya estaban pintados de nuevo y se podían ver en su plenitud. Algunos que no estaban aún repintados daban sensación de abandono ya que tenían muchas pintadas encima.

La segunda pintura que más me gusta es la de foto que aparece a continuación, una de las más chulas de toda la galería, muy colorida.¡Esa reja fuera por favor que queremos verlo bien!

¡Arghhh que estoy muy loco y la tiro!

Y como primer premio indiscutible para mí, el mural con caras de Thierry Noir, un artista que ya pintaba el muro por el lado oeste antes de su caída. Para muchos tal vez sea simplón y hasta puede que feo, pero para mí tiene un sabor especial, el sabor de Berlín y su gente separada por más de 30 años mediante un muro de hormigón armado.

Un mural muy especial

Otro de los murales típicos por excelencia es el Trabant atravesando el muro, que al menos pudimos fotografiar a través de la valla. El mural con el currículum vitae tampoco se queda atrás. Ambos están luchando por mi tercer premio. El que me haga más la pelota gana.

Quedaban pocas horas para el partido que íbamos a presenciar por lo que decidimos andar un poco por Berlín y llegar hasta Alexander Platz (7) de nuevo, desde donde tras picar algo de comer en un puesto callejero y pillarnos un par de cervezas, cogimos el metro con destino al estadio. Yo quería llegar con tiempo para comprar alguna bufanda y disfrutar del ambiente pre-partido entre el Hertha de Berlín y el Borussia Mönchengladbach. Todo un acierto.

Conforme nos fuimos acercando al Olympiastadion (8) se fue montando más gente ataviadas con camisetas y bufandas. De esta manera, y tras llegar a la estación correspondiente al estadio en el oeste de la ciudad (en la zona B hay dos paradas diferentes y ambas llevan el nombre del estadio por lo que no hay perdida), el ambiente ya era espectacular cuando pusimos rumbo a la entrada. Había aficionados del equipo rival entre la multitud, y se veía con claridad que primaba el buenrollismo.

Tras comprar mi tan deseada bufanda del Hertha de Berlin (15€) pusimos rumbo a la entrada, que se encuentra custodiada por dos grandes torres con los aros olímpicos entre ellas. El estadio tiene mucha historia, y como hito más famoso se encuentran las Olimpiadas que tuvieron lugar en él en 1936 durante la Alemania Nazi.

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La entrada al estadio

La entrada al recinto no llevaba directamente al interior del estadio como es habitual en otros campos, si no que da acceso al perímetro de este, donde se podían encontrar muchísimos puestos de cerveza y comida. Nos hicimos con una cerveza kilométrica y nos adentramos hasta nuestros asientos. !Viva la Bundesliga!

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Desde nuestros asientos

La entrada las había sacado alrededor de un mes y medio antes a través de la pagina web oficial del Hertha, y el precio de cada una de ellas fue de 25 €. Nada que ver con el precio desorbitado que nos hubiera costado estas en un partido similar en liga española. El partido  fue brutal como espectáculo, con la hinchada local cantando todo el partido y la visitante, que se había desplazado en masa, respondiendo. Durante dos horas estuve en mi nube particular de felicidad.

En lo futbolístico ganamos 3-0 con hattrick de Kalou, ex-jugador del Chelsea y uno de los jugadores mas conocidos del equipo, por lo que esto hizo que el ambiente fuera aún mejor y que el estadio no dejara de animar y jalear. Eramos alrededor de 50.000 espectadores. A Marta, que no le gusta nada el fútbol y aún así me acompaña, tendría que ponerle un monumento. Menos mal que aunque sea ella disfruta viéndome feliz (o eso dice)…

Debo de confesar que quede maravillado con el fair play entre aficionados y el buen rollo que había. Varias personas entablaron conversación con nosotros y todo el proceso de llegar y salir del estadio fue muy civilizado. La afición alemana, por lo general, es de 10. Son auténticos amantes del fútbol.

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Salimos del estadio y nos encaminamos hasta el metro. Lo cogimos rumbo a la parada de metro desde donde iniciamos nuestro camino por la mañana (Zoologischer Garten (1)) y justo a la salida del metro cenamos en otro puesto callejero las famosas Currywust: salchichas con salsa de kechup y curry con patatas fritas. El lugar escogido fue el típico por excelencia, el Curry 36, que aparece en todos los lugares habidos y por haber de Internet. Comimos dos salchichas con patatas para los dos (5,50€/total) y compramos refrescos en la tienda de enfrente (a mejor precio). El manjar esta delicioso, aunque ya os digo que difícilmente vais a encontrarlo feo en algún sitio de Berlín, por lo que mi recomendación es que lo probéis en cualquier punto que se os meta por los ojos.

Que rico…

El local Curry 36

El día había sido muuuy largo, por lo que no nos quedaba más cuerpo que para ir hasta el hotel y coger fuerzas para el día siguiente. Días como estos dan la vida y te enseñan que viajar es un regalo.

¡Aún quedaba mucho por descubrir!