De vuelta a las calles de Lisboa tras un día increíble en Sintra, íbamos a descubrir todo aquello que nos quedaba por ver más significativo. Empezaríamos por la zona alta de la ciudad, para ir posteriormente bajando hasta llegar al pintoresco barrio de la Alfama y terminar el día entre miradores y vistas excepcionales brindado por otro viaje magnífico juntos.

Puntos destacados del día

Nos dimos el lujo de dormir un poco más y desayunar tranquilos para acto seguido poner rumbo a pie hacía la zona alta de Marqués de Pombal y alrededores. De esta manera nos vimos caminando por la arbolada Avenida da Liberdade (1), una vía llena de tiendas con precios abusivos de marcas internacionales y cafés. El paseo fue muy ameno hasta llegar a la glorieta de Marqués de Pombal (2). El día estaba espectacular, el sol por fin nos hacía compañía para ver con otra luz la ciudad.

La glorieta de Marqués de Pombal

Desde ella subimos hasta la zona más elevada del Parque Eduardo VII (3), un rincón inconfundible. Desde este punto se ofrecen unas vistas espectaculares, con unos jardines con figuras geométricas en forma de laberinto que no hacer más que sumar magia a la panorámica que ofrece. Sólo por ellas la caminata merece la pena, y si es por la mañana aprovechando el sol y la tranquilidad aún mejor. Se llega a apreciar hasta el propio Río Tajo.

Una espectacular vista desde lo alto del parque de Eduardo VII

Volviendo sobre nuestros pasos nos dejamos llevar hasta llegar a Rossio y Baixa. Siguiendo los consejos de la chica del freetour del primer día, desde Rúa da Vitória en Baixa, es posible llegar a la zona alta de la Alfama de una manera mucho más rápida y eficaz. Basta con ir hacia el este de la calle y entrar al edificio que vemos de frente, en él hay ascensores gratuitos. Subiendo por ellos y saliendo, yendo a izquierda y luego derecha, veremos el Supermercado Pingo Doce. Entrando en este veremos al fondo de las cajas otro ascensor que nos llevará hasta la 7º planta y por tanto a una zona muy cómoda para empezar a conocer el barrio. Un tip de viaje muy muy recomendado.

Con mi bella amada «Pastel de Nata»

El mejor consejo que os podemos dar para visitar el barrio y conocerlo, es el de perderse por sus calles y bichear en cada esquina. Deleitarse con la amplia gama de azulejos que recubren las antiguas casas (podéis ver algunos de estos patrones abajo de este párrafo) o entrar a escuchar Fado en algunos de sus bares. Y es que este tipo de cante melancólico portugués nació en las calles de este barrio obrero. Nosotros no pudimos llegar a ir a ningún show, pero es altamente recomendable.

Mural sobre una estampa típica del barrio: el Fado

El primer punto que visitamos fue la Sé o Catedral de Lisboa (4), con aspecto más de fortaleza que de edificio religioso, restaurada durante principios del siglo XX. El interior no deja de ser una Catedral más, siendo lo verdaderamente llamativo de la construcción, su posicionamiento con respecto a los demás edificios de alrededor.

Típica estampa de la Sé con un tranvía pasando por delante

Bordeándola por su lado derecho se pueden seguir las calles principales R. de Sao Joao de Praça y R dos Remedios. A partir de ellas se hace la magia y no hay más que seguir, perderse, oler la comida de sus bares y fotografiar los balcones llenos de ropa blanca tendida. Finalmente llegamos a la plazoleta de Largo do Chafariz de Dentro (5), donde nos tomamos una cerveza al sol. Allí se encuentra el Museo del Fado, ideal para conocer más sobre este.

Escena de barrio en la Alfama

Con el apetito abierto nos decidimos por un bar que nos habían recomendado: Tasco do Vigario (6). Un local muy pequeño con menús del día escritos a mano en una pizarra en la calle y con una terraza con dos mesas. El personal fue muy simpático (terriblemente adorable el señor con bigote y sus caminatas dentro/fuera para servirnos) y la comida estaba muy rica. Tomamos tanto carne como pescado y pagamos un total de 27,50€. Nos pareció un lugar muy puro.

Terraza de Tasco do Vigario

Llegamos hasta el Panteón Nacional (7), un edificio majestuoso en su exterior que rinde homenaje a héroes y heroínas de Portugal. A su espalda, por ser domingo, pudimos disfrutar del Mercadillo Feira da Ladra. Un lugar donde se venden artículos de segunda mano desde lo más variopinto a lo más innecesario. No por ello dejamos de echar un rato por sus puestos para bajar la comida.

El mercadillo con el Panteón Nacional al fondo

Hemos de decir, que si hay un punto turístico por excelencia en toda esta zona, este es el Castillo de San Jorge (8). Leímos mucho y nos aconsejaron que si no teníamos tiempo era mejor dejarlo pasar, ya que este lugar sólo ofrece sus murallas exteriores y unas vistas geniales. Las vistas llegan a ser incluso mejores en miradores anexos más altos. Esto sumado al precio de la entrada y a las colas que se forman hicieron que descartáramos su entrada. Y no nos arrepentimos.

Un balcón cualquiera de la Alfama

Pasamos un rato muy ameno escuchando a estos músicos al sol

Seguimos subiendo los adoquines del barrio y llegamos a estos miradores: el Miradouro da Graça (9) y el Miradouro de da Sehora do Monte (10). El primero es ideal para tomarse algo en un bar que hay y segundo es el que sin duda mejores vistas ofrece de toda la ciudad. Por poco me quedo dormido con la brisa y las vistas…(jaja). Desde allí fuimos bajando por un camino diferente y nos fuimos a tomar y cenar algo a Chiado.

Cabezadita en el mirado de da Sehora do Monte

Aunque antes pasamos por la librería que ostenta la homologación de World Guiness Record a la librería más antigua en funcionamiento interrumpido del mundo, desde 1732. La Librería Bertrand (11). Y qué mejor recuerdo que comprar un par de libros para recordar nuestra estancia. Puedes incluso pedir que te pongan el sello de autenticidad de haberlo adquirido allí. ¡Qué magia tienen los libros!

Los libros que nos adjudicamos

Nuestro objetivo era terminar las horas de sol viendo el atardecer en un bar que se encuentra en la última planta de un aparcamiento: Park (12). Se encuentra situado en Calçada do Combro y la única pista de la existencia del mismo son la música y las plantas que se ven desde la calle. Un lugar atípico en el que disfrutamos de una cerveza cogidos de la mano.

Vistas desde Park

Desde la planta inferior del parking que da acesso al bar

Para terminar un día de caminatas bajamos hasta casi la ribera del río para llegar a Time Out (13), un mercado de comida internacional moderno muy conocido. Aunque según nuestra impresión enfocado totalmente al turista, ya que el lugar se encontraba lleno de ellos (nosotros incluidos). Comimos algo y nos fuimos sin más pena ni gloria, un lugar totalmente salvable de visitar, aún disfrutando de una buena cena variada.

Time Out o el sitio gourmet del Mercado de la Ribeira

Y así, como habíamos venido, no nos quedo más que irnos a descansar para coger el vuelo de vuelta a primera hora del día siguiente. Lisboa nos encantó, en la linea de lo que ya disfrutamos en Oporto tiempo atrás. Nos quedó mucho por ver, pero nada por disfrutar. ¡Obrigado!

 

Lisboa. Abril – Mayo 2018. Organización y planificación

Día 1: Llegada + Free Tour + Convento do Carmo + Oceanário

Día 2: Monasterio de los Jerónimos + Torre de Belén + LX Factory + Tardenoche en Chiado

Día 3: Excursión a Sintra (Palacio da Pena + Castelo dos Mouros + Quinta da Regaleira)