Y alrededor de las 7 de la mañana….riiiing riiing riiiing… alehop, salto de la cama y a ponernos en marcha, esperaba Guimaraes para Marta y para mí! Nuestro segundo día íbamos a aprovecharlo desde bien temprano para poder ver esta nueva ciudad con tranquilidad y llegar a Oporto para seguir descubriendo alguno de sus secretos antes de que se pusiera el sol.

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Mapa de Oporto con los puntos del Día 2

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Mapa de Guimaraes con los puntos del Día 2

Gracias al madrugón (muy normal en nuestros viajes) nos encontramos una ciudad hermosa amaneciendo, con el sol colándose entre sus calles, y con estampas para fotografiar a cada paso. Tras comprar un desayuno en el socorrido McDonalds con la intención de tomarlo tranquilo en el tren, fuimos directo a la estación de Sao Bento, desde donde cogeríamos nuestro tren a las 8.20 horas (cabe decir que hay muchísimos horarios, pero este era el que permitía aprovechar mejor el día).

Desde Oporto se tienen varias opciones de excursiones para pasar un día sin necesidad de hacer noche, entre las que destacan dos ciudades: Braga y Guimaraes. Si se tiene coche o se ajustan mucho los horarios con otros transportes como bus o tren, es posible ver ambas en un día, pero debido a que queríamos disfrutar de una de las dos con tranquilidad nos decidimos por Guimaraes, con un viaje ida y vuelta en tren. Nuestra elección fue clara desde que vimos alguna de las maravillas que posee como el Castillo o el Palacio de los Duques de Bragança.

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La Iglesia y la Torre de los Clérigos

De esta manera llegamos a la estación de Sao Bento (1), una de las mas bonitas y con más encanto que he visto, con un hall decorado con azulejos que narran la historía del país. Fuimos directo a las máquinas y sacamos los tickets de ida y vuelta por 6.70 €/persona en el que se incluye una nueva tarjeta Andante (en este caso de color verde a diferencia de la azul que sacamos en el aeropuerto) que sirve exclusivamente para este tipo de viaje. Tendréis que sacar una por persona y de nuevo, algo lioso, por lo que os aconsejo pedir ayuda si no lo veis claro. Y como segundo paso importarte, no olvidar validar los billetes en las máquinas de la estación, ya que el revisor suele pasar por este tipo de trenes (en nuestro caso en la vuelta).

A las 8.30, con 10 minutos de retraso, partimos hacia nuestro destino. El viaje se nos hizo muy ameno gracias a los paisajes tan bonitos que posee Portugal. Tras alrededor de 1 hora y 15 minutos de viaje, llegamos a la estación central de Guimaraes (2) y nos encaminamos directamente hacia su casco histórico, a escasos 10 minutos andando sin ninguna perdida.

Para realizar una buena visita esta ciudad se puede dividir en tres zonas: el casco histórico medieval patrimonio de la UNESCO, la zona alta con el Castillo de Guimaraes y el Palacio de los Duques de Bragança y el Santuario Da Penha, en una cima cercana y que se accede a través de teleférico. Nuestra intención era visitar las tres zonas con ese mismo orden, pero por falta de tiempo, para aprovechar la tarde en Oporto, decidimos suprimir la última zona y visitar los aledaños del estadio D. Afonso Henriques, sede del club portugués Vitoria de Guimaraes, que milita en la primera división.

Lo primero con lo que fuimos a parar a nuestra llegada fue con un edificio a modo de muralla donde se podía leer la inscripción «AQUI NASCEU PORTUGAL» (3) en honor a la independencia del país, a las afueras del casco histórico, donde nos iríamos perdiendo sin rumbo fijo durante la mañana.

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Aqui Nasceu Portugal

Bordeamos el centro histórico por la misma avenida que este trozo de muralla y llegamos a la pastelería Supremo Gosto (4), que habíamos visto recomendado en varios blogs. Increíble. Los mejores pasteles que habíamos probado en mucho tiempo. Compramos un croissant de chocolate, una nata típica de Portugal y como sorpresa, y ganador, un «Castelinho de Guimaraes», una especie de hojaldres apilados en columna con azúcar glass y mermelada por encima.

Desde la propia pastelería se adivinaba una bonita imagen de la Iglesia de N. Sra. da Consolaçao e Santos Passos, adornada por el sol del día tan esplendido que hacía.

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Iglesia de N. Sra. da Consolaçao e Santos Passos

En este punto nos adentramos dentro del casco histórico medieval pasando como primer punto destacado por la Plaza de Oliveira (5), donde sobresalen el Monumento del Salado, conmemorativo de la victoria de Portugal en la batalla del Salado en 1340 y la Iglesia de Nuestra Señora de Oliveira. Un lugar muy animado. Seguimos caminando sin rumbo por la plaza anexa por unos arcos a esta última, la Plaza San Tiago donde dimos con una oficina de turismo (6) donde cogimos algún mapa, justo en la esquina con la calle Rua de Santa María.

Siguiendo la bonita y larga Rua de Santa María, típica calle medieval empedrada y estrecha y la más característica de todo el centro histórico, llegamos al Convento de Santa Clara (7), antiguo convento reconvertido hoy día en el Ayuntamiento de la ciudad. Subiendo de nuevo por la misma calle, y tras atravesar lugares pintorescos, llegamos a una de las estatuas más famosas de la ciudad: la de D. Alfonso Henriques, primer Rey de Portugal (8).

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Convento de Santa Clara. Actual Ayuntamiento de Guimaraes

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Estatua de D. Alfonso Henriques, primer Rey de Portugal

 

Justo con un giro de cabeza desde esta peculiar estatua encontramos un gran hito de la ciudad, imponente, el Palacio de los Duques de Bragança (9). Este palacio del siglo XV, y reconstruido en la década de 1930 para su explotación turística, es todo un lujo para la vista.  Tras pagar la entrada (5 €/persona o 2.50€ con carnet de estudiante o carnet joven europeo como en nuestro caso) nos adentramos en esta hermosa residencia. Su gran exposición de tapices, armas, alfombras o muebles lo hacen aún más bonito en su interior. También pudimos ver camas de la época, con una altura considerable que hacía caerse de la cama prácticamente un salto al vacío (soy de Cádiz, perdón por las exageraciones jeje).

Hubo dos lugares especialmente increíbles durante la visita que nos dejaron con la boca abierta: la sala de los banquetes, con una cúpula de barco invertida sencillamente espectacular y la capilla, una obra de arte. En todos los habitáculos se puede encontrar un pequeño mostrador con información en varios idiomas, incluido español, que hace entender perfectamente cada lugar.

Tras la magnífica visita a este hermoso lugar, recomendamos que bordeéis el Palacio, ya que a uno de los lados hay un terreno con césped y bancos para sentarse, que en días tan espléndidos de sol como el que nos hizo a nosotros, es todo un placer. Solo nos faltó la cervezita fresquita…

Subiendo por el otro lado (sólo hay que seguir la pendiente) encontramos la diminuta Capilla de San Miguel (10), donde según cuenta la leyenda se bautizó el primer Rey de Portugal. Es gratuita y en su interior se encuentra la supuesta pila bautismal que se utilizó.

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Capilla de San Miguel

Y subiendo aún un poco más, justo a la espalda… ¡Por fin llegamos al Castillo de Guimaraes (11)! Como amante de los castillos que soy, era la principal atracción en la quería perderme. La entrada tiene un precio simbólico de 2 € o bien 1 € con carnet joven, y aunque ha sido gratuita hasta hace bien poco, merece la pena pagar este precio por el hecho de que se encuentra mucho mejor preservado y más seguro con nuevos agarres de madera. Además han incorporado en el torreón central del siglo X una exposición sobre el castillo. Bordear el castillo por arriba, además de perder la vista entre sus almenas, nos hizo estar en una nube durante el tiempo que estuvimos visitándolo.

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El Palacio de los Duques de Bragança nos dibujaba una postal preciosa desde el Castillo…

Una vez visitada toda la zona de la Colina Sagrada, tal y como se conoce a esta parte de la ciudad, volvimos sobre nuestros pasos al centro histórico para perdernos una vez más entre sus calles de épocas pasadas con ese encanto tan único. Nos llamó especialmente la atención un tienda llamada Bazar Moderno (12), en la cuál se podían adquirir todo tipo de juguetes. Eso sí, nada de moderno, todo de la época en que sólo había un canal en la televisión.

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Bazar Moderno, de todo menos Moderno pero con mucho encanto

Después de toda la mañana caminando, empezó a apretar el hambre en nuestros estómagos. ¿Sabéis esas veces que dos personas sólo con mirarse saben lo que sienten y padecen?. Pues bien, eso nos pasó a Marta y mí, nos miramos y ambos supimos al instante, en un momento mágico y amoroso, que teníamos antojo de pizza.

Recordamos que a Marta le habían aconsejado una cadena de pizzerías, que tras una búsqueda en internet dimos con su localización, la Pizzeria Celeste (13). Pizzas muy ricas a precios de estudiante, cosa que ya sólo somos a medias, pero que nuestro bolsillo sigue agradeciendo. Cada uno pedimos pan de ajo más un menú de pizza individual con bebida, todo por 9.55 €. Tirado de precio.

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La pizza es mi perdición

Llegados a este punto, y con la hora que era, decidimos no subir a la Motaña Da Penha en teleférico a ver el Santuario que lleva el mismo nombre, ya que la vuelta se nos haría un poco tarde y queríamos llegar a Oporto relativamente temprano para aprovechar el sol y contemplar su caída desde algún mirador.

Decidimos, eso sí, visitar el Estadio D. Afonso Henriques (14), sede del club de primera división portuguesa Vitoria de Guimaraes, que nos pillaba cerca. Llegados a este punto de frikismo, supongo que os habréis dado cuenta de que soy un fan incondicional de este deporte, sobretodo de este tipo de campos y equipos.

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Momento zen personal. Amo estas cosas

El día en Guimaraes llegaba a su fin, con la sensación de que era una ciudad mágica y que sinceramente, superó nuestras expectativas. Todo un acierto apostar por su visita estos días. De vuelta a la estación, cogimos de nuevo el tren rumbo a Oporto y tras un viaje con alguna que otra cabezada (una de ellas destrozada por el revisor), llegamos de nuevo a la Estación de Sao Bento (1) sobre las 17.00h.

De vuelta a las cuestas, paseamos un poco y visitamos la famosa tienda Casa Oriental (15) (justo al lado de la Torre de los Clérigos que subiríamos al día siguiente), con todo tipo de comida típica y bacalaos colgados. Asimismo aprovechamos para echarnos alguna foto con los tranvías que aún circulan por la ciudad, de nuevo, estampa de otra época.

Tras esta vuelta por Oporto, Mario, el hermano de Marta que se había quedado en la ciudad ese día, nos dio el encuentro y nos llevó a uno de esos locales místicos  que todo el mundo quiere descubrir cuando viaja: la tetería Rota do Chá (16).

Este local, que desde la calle parece otro más, guarda grandes secretos en su interior. Tras atravesar una especie de pasillo donde ves la cocina, llegas a un patio trasero de la casa decorado muy sutilmente de un modo peculiar. Asimismo, unas escaleras conectan con una planta superior donde varias estancias están decoradas a modo de novela y hace que cualquier salón sea mágico para sentarse a tomar un té y charlar o leer un libro. Un lugar muy relajado y perdido en el tiempo.

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Tetería Rota do Chá

Aprovechando un día más las espectaculares vistas desde cualquier rincón de la ciudad, Mario nos llevó a un mirador que había descubierto deambulando por la ciudad, y que nohe visto mencionado en ningún lugar. Un jardín cerca del parque del Palacio de Cristal que está dentro de lo que parece ser una especie de propiedad privada en forma de club/restaurante, pero que no ponen impedimento en dejar pasar. El jardín (17), a esas horas de la tarde, y totalmente para nosotros, fue otro momento mágico del viaje. Puesta de sol y de nuevo, acompañamos la caída de este con una cerveza Super Bock. ¡Como nos cuidamos!

Vistas desde el jardín escondido…

De nuevo con el hambre pisándonos los talones, decidimos ir en busca de una hamburguesería que el día anterior nos habían recomendado en el freetour:  Baixa Burguer (18). Un acierto. Soy fan de la comida calórica y las hamburguesas estaban riquísimas. La mía: carne de vacuno + cheddar + rúcula + nachos+ salsa tex/mex picante. Casi nada. Tres hamburguesas con sus patatas fritas, una cerveza y tres refrescos por un total de 26.90 €.

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Carta del Baixa Burguer

Después de este festín y desde bien temprano despiertos y caminando, no nos quedó mas remedió que irnos a descansar. El siguiente día iba a ser también muy movidito, con muchas nuevas sorpresas por descubrir. ¡Qué bien dormimos aquella noche!

 

Oporto- Guimaraes. Octubre 2016. Planificación y organización

Día 1: Llegada + Freetour cultural/artístico + Ribeira

Día 3: Centro histórico + Estadio Do Dragao

Día 4: Ribeira + Visita Bodegas