En nuestro último día de escapada tocaba una visita espectacular que habíamos dejado como plato fuerte: el Museo Judío de Praga, al norte de Staré Město. Y como punto que más nos ilusionaba vivir, su imponente cementerio con tumbas amontonadas y sin ninguna uniformidad, al más puro estilo del cine de terror en blanco y negro.

Puntos destacados del día

Un barrio con siglos de historia, que tiene, como otras ciudades de centro Europa, su punto negro durante la II Guerra Mundial. En tiempos de ocupación nazi, los alemanes quisieron crear un «museo de una raza extinta», trayendo incluso importantes objetos de comunidades repartidas por todo el país. Un horror que aún tiene eco en el presente. El Museo Judío de Praga como tal, no es un edificio o un punto concreto, si no una red de complejos y sinagogas repartidos por todo el barrio. Íbamos a ocupar toda la mañana visitándolo. Tenéis toda la información que necesitéis en su pagina web.

Hay tres tipos de entradas: la primera incluye todos los complejos (500 czk precio estándar/20€), la segunda todos excepto la Sinagoga Vieja-Nueva (330 czk) y la tercera da acceso sólo a esta ultima sinagoga mencionada (200 czk). Nosotros compramos el segundo tipo, y aunque se pueden comprar a través de internet, decidimos hacerlo in situ para intentar coger el descuento de estudiantes, cosa que conseguimos pagando finalmente un total de 220 czk/9€/persona). El descuento se supone que sólo es para estudiantes menores de 26 años, pero siempre se puede intentar enseñarlo aunque no cumplas ninguna condición y que cuele (jaja). Igualmente la Sinagoga Vieja-Nueva es muy recomendable aunque nosotros no llegaremos a ir finalmente, con su famosa leyenda del Golem.

Si no llegas temprano, lo mejor para comprar las entradas es no hacerlo en el Centro de Información y Reserva (1), ya que tiene las mayores colas. En cualquiera de las otras sinagogas, excepto en la Sinagoga Vieja-Nueva, también las venden y el acceso es más rápido. En la entrada y mapa que dan, se puede ver reflejado claramente a que se tiene acceso.

Exterior de la Sinagoga Maisel

De este modo, compramos las entradas y empezamos el recorrido en la Sinagoga Maisel (2), un lugar pequeño con una exposición sobre la historia de los judíos en Bohemia y Moldavia desde el s. X al XVIII. La fachada exterior, y como se encuentra encajada en los edificios laterales, nos llamó mucho la atención. Como dato curioso, en todas las sinagogas te dan un pequeño gorrito judio (Kipá) si entras sin gorro, ya que es obligatorio no mostrar la cabeza.

Interior de la Sinagoga Maisel, totalmente reformada

Seguimos el camino hacia el norte y llegamos a la Sinagoga Pinkas y el Antiguo Cementerio Judío (3), la visita clave. La Sinagoga pasó a ser un monumento viviente después de la II Guerra Mundial, estando sus fachadas interiores inscritas con 77297 checoslovacos victimas de los nazis. Por su simbología, el lugar da mucho respeto y prácticamente todo el mundo se encuentra en silencio.

Paredes repletas de nombres

Y para respeto, el complejo cementerio y sus tumbas unas sobre otras. Debido a la falta de espacio cuando aún se encontraba en uso (fue cerrado en 1787), el cementerio cuenta con muchísimas capas de personas enterradas una sobre otras, habiendo más de 100.000 personas allí, con un total de unas 12000 lápidas.

Se pueden apreciar claramente, como algunas tumbas son más importantes que el resto, siendo más grandes y llamativas. Como dato curioso, algunas de ellas cuentan con un dibujo en relieve salida de la propia lápida que indica la ocupación que tenía el fallecido en vida: unas manos, un instrumento musical o un pez en otro otros. Nos impresionó la cantidad de ventanas de edificios colindantes que daban al cementerio, a ver quien duerme de noche con la ventana abierta en una de esas habitaciones…

Hay un sendero por el cementerio que marca el camino

Relieve que muestra el oficio del difunto en vida

Saliendo del complejo de lápidas se encuentran directamente dos edificios prácticamente cara a cara, la Sala Ceremonial y la Sinagoga Klaus (4). La primera contiene una exposición sobre la enfermedad y la muerte para el pueblo judío, mientras que la segunda, otra sobre las diferentes ceremonias judías que conciernen al nacimiento, vida y muerte.

Exterior de la Sala Ceremonial (izq) y la Sinagoga Klaus (der)

El último punto quedaba a 3-4 minutos andando, la Sinagoga Española (5), de la que nos maravilló su lograda decoración interior árabe. Sin duda la Sinagoga que más nos llevamos en el recuerdo por su luz y forma. Justo al lado de la puerta de entrada, en el exterior, se encuentra el monumento a Franz Kafka, el prolífico autor praguense.

Monumento a Kafka. Kafka uno que piense lo que quiera de ella… (??)

Como se nos hizo un poco tarde, comimos algo rápido en un KFC y nos dispusimos a cruzar de nuevo el Puente de Carlos (6) hacía Malá Strana para terminar el día caminando por sus calles desconocidas. Se notaba que la ciudad estaba más tranquila en relación al primer dia que cruzamos en pleno año nuevo, pudiéndonos parar a nuestro antojo y escuchar a algún músico callejero.

Esta vez si pudimos echarnos una foto tocando los relieves inferiores de la estatua de San Juan de Nepomuceno, pues se dice que si lo haces, regresarás a la ciudad (¡ojalá!). ¡Incluso nos dio tiempo de ponernos chorreando debido a una tormenta de granizo que nos sorprendió llegando a la otra orilla!

Pasamos el resto de tarde paseando sin prisa, disfrutando del barrio, hasta llegar a uno de los miradores para el ver el puente de Carlos y el atardercer más chulos de la ciudad (7). Rodeados de ocas, patos y gaviotas nos llenamos los ojos con una luz maravillosa cayendo sobre el Río Moldava y los edificios. Se encuentra a un paso desde el Museo Kafka, y si no lo encontráis, basta con poner en Google Maps «Swans of the Vltava River».

Estuvimos un rato embobados ante la bella postal

Y entre el mirador y el museo, descubrimos una pequeña tienda de galletas que harían las delicias de cualquiera, Perníkový panáček (8). Un bonito recuerdo dulce de la capital de Bohemia, con un hombre de jengibre a lo Shrek decorando el exterior. Marta se volvió loca en su interior mientras se decidía por alguno que otro.

Chooooooooooocooooolaaaaateeeeeeeeeee

Quisimos despedir nuestra estancia en Praga como bien se merecía, con una última visita al reloj astronómico ya con la noche en el suelo y con unas cervezas para brindar por nuestro próximo viaje y por la maravillosa estancia en la ciudad. Una capital única en toda Europa.

De noche el reloj astronómico luce incluso más que de día

Sbohem Praha! Hasta la siguiente viajeros! =)

 

Praga. Fin de año 2017/18. Organización y planificación

Día 1: Llegada + Free Tour + Tour de la Cerveza

Día 2: Castillo de Praga + Muro de Jonh Lennon + Puente Carlos + Nochevieja

Día 3: Ayuntamiento Viejo/Reloj astronómico + Klementinum + Fuegos Artificiales

Día 4: Excursión a Kutná Hora + Alrededores Plaza Wenceslao