Llegaba el momento de dejar de lado el norte del país y poner rumbo al sur en busca de esas playas paradisíacas vistas en mil y una fotos en cualquier búsqueda rápida por internet. Aquellas fotos que pasan por tu mente una y otra vez mientras trabajas y tu imaginación vuela deseosa de cambiar el teclado y el ratón por un coco con pajita. Empezábamos por la pequeña península de Railay, en Krabi, una zona de playas con peñascos montañosos saliendo del agua e ideal para la escalada.

En cuanto a la búsqueda de playa y sol se pueden encontrar dos zonas diferenciadas: la Costa del Andamán, que comprende Krabi y Phuket, y las islas del Bajo Golfo de Tailandia, siendo estas Ko Tao, Ko Samui y Koh Pha-Ngan. De mayo a octubre, nuestro caso, es preferible en cuanto tiempo atmosférico visitar la segunda zona, ya que debido a que es época de monzones el tiempo se encuentra inestable en la primera. Sin embargo, no pudimos dejar de lado de ver esta zona aunque el agua no fuera tan cristalina, asumiendo el riesgo de que podríamos no llegar a ver mucho si la lluvia nos acompañaba en todo momento y el mar estaba revuelto. A las islas del Bajo Golfo las visitaríamos días más tarde.

Puntos destacados de nuestra visita a Railay

Nuestra base en Krabi: la playa de Ao Nang

Lo bueno de haber viajado en avión tan temprano desde Chiang Mai es que pudimos aprovechar por completo el día. Desde el Aeropuerto de Krabi (1) tomamos una furgoneta/taxi con más visitantes (100 baths/persona) que nos dejó en nuestro hotel en Ao Nang. Una playa revuelta e impracticable para el baño durante los meses que fuimos pero que sirve de base perfecta para realizar excursiones, y más cuando se dispone de poco tiempo. La ciudad de Krabi es la otra opción. Desde ambas bases hay una gran cantidad de ofertas de excursiones a diferentes islas, nosotros por falta de más tiempo, decidimos realizar sólo dos de ellas, Railay y Ko Phi Phi al día siguiente.

Algunas de las excursiones que vimos en la cooperativa de barcas en Ao Nang. En otras agencias se pueden encontrar precios diferentes, por lo que siempre está bien indagar antes de comprar.

En cualquier hotel es posible coger estas excursiones, además de en cualquiera de las numerosas agencias que hay en la calle. Por supuesto, preguntad en varias y regatead. Nuestro hotel, Anawin Bungalows (2), estaba bien situado y cumplió sin más, aunque si podéis intentad coger alguno con piscina. El precio fue 1500 baths/40€/2 noches/total.

Aún temprano, salimos en busca de la Cooperativa de Barcas (3) para comprar tickets para llegar hasta Railay, sólo accesible desde mar. Está se encuentra justo en el cruce entre la calle de nuestro hotel y el paseo marítimo. Ao Nang no tiene perdida. Nos hicimos con unos tickets de ida y vuelta por 200 baths/persona en longtail, las barcas de cola larga típicas de Tailandia y sus ya comentadas fotos.

Lugar donde compramos los tickets para Railay

Un día paseando por la verde península de Railay

Desde allí nos subieron a una furgoneta y nos llevaron a un embarcadero desde el cual cogimos un longtail con más turistas. En 20 minutos de viaje revuelto con agua salpicando y viento pegando, llegamos a la primera de las playas de Railay, Hat Railay West o Playa Oeste de Railay (4). El tiempo, aunque nublado, nos respetaría.

Y por fin, tras meses esperando, pusimos nuestros pies sobre la arena. Las formaciones rocosas de los extremos de la playa nos dejaron las primeras fotos para el recuerdo. A esa hora la marea estaba llena y aprovechamos para pasear de extremo a extremo. El agua estaba revuelta y preferimos seguir andando y recorrer toda la península.

Es posible alojarse en Railay, sin embargo, además de caro, sólo merece la pena si se dispone de más tiempo debido a su inaccesibilidad desde tierra. En los meses de buen tiempo, el lugar tiene que ser una gozada, con hoteles exclusivos además de mucho ambiente. En esas circunstancias no lo hubiéramos dudado. El lugar con precios más económicos se encuentra en Ton sai Beach, otra playa considerada jipi-mochilera al norte de la playa Oeste, sin embargo, con la marea llena el camino que conecta ambas es prácticamente inaccesible.

Totalmente casual y desprevenido (lo juro por Snoopy)

Atravesamos por un camino de tiendas, bares y restaurantes que quedaba en mitad de la primera playa y llegamos hasta la Hat Railay East (5). Como tal, no es una playa, y es la menos vistosa. Un camino de piedra la atraviesa por completo hasta el extremo sur, donde vimos los primeros escaladores. Y es que, además de por sus playas, Railay es famosa por ser un lugar ideal para escaladores, tanto principiantes como expertos, debido a sus altas y empinadas paredes en la roca. Tenéis muchas escuelas que lo ofrecen.

De mis fotos favoritas del viaje. Un amigo muy curioso

Desde esta última hay otro camino que conecta con la siguiente. A mitad de camino, señalizado, se encuentra la subida al Viewpoint (6) para descubrir Railay desde las alturas. El camino es empinado y hay medio que escalar con una cuerda. Nosotros lo hicimos por no perdérnoslo, pero nos costó y sudamos como nunca, eso sí, las vistas nos dejaron alucinando. Desde arriba también se puede llegar a un pequeño lago, Sa Phra Nang, pero la zona estaba húmeda y decidimos no intentarlo.

Railay Viewpoint

Bajamos y continuamos hasta la playa más bonita de todas con diferencia, Hat Phra Nang (7). Más que playa es una pequeña cala con acantilados kársticos, cuevas y formaciones rocosas de fondo saliendo del mar. Una pasada. Eso sí, atestada de gente por metro cuadrado.

En su extremo sur se encuentra la cueva más surrealista que posiblemente vea nunca, Tham Phra Nang (8). En ella se pueden apreciar falos de madera de todos los estilos, tamaños y colores. Los pescadores de la zona los realizan y depositan como ofrenda a una princesa india que murió ahogada para tener una buena faena en la mar. Alguno que otro se aproximaba mucho al de Nacho Vidal. Por cositas como estas merece tanto la pena viajar.

A la derecha Papá Penito con sus dos hijos encima, Penecín y Penecito

Ya tarde, volvimos al camino entre las dos primeras playas y comimos algo en uno de los muchos restaurantes primo hermanos unos de otros. Precios elevados para lo que ofrecen en muchos casos. Y de postre, nos fuimos hasta la playa oeste donde habíamos llegado y nos compramos un coco que disfrutamos como si no hubiera un mañana (¡ni 2€!). La playa con la marea vacía y una luz cerca del atardecer nos terminó por rematar el día.

Siempre fue muy lista Marta, tenía un gran coco

Cogimos desde allí el bote de vuelta, y fuimos andando hasta el hotel. Para cenar fuimos hasta uno de los muchos restaurantes que hay en Ao Nang. Todos caros e iguales, por tratarse de un punto de anclaje tan turístico, con personas constantemente invitándote a entrar al suyo. Refrescos y dos pizzas por 370 baths en la hora feliz de uno de ellos. Not bad.

Railay nos había encantando. Al día siguiente teníamos excursión con una empresa de las muchas que hay hasta Ko Phi Phi y algunas de sus islas cercanas, entre ellas la que da acceso a la famosa Maya Beach, conocida por la película La Playa de Leonardo Di Caprio. Sin embargo, el tiempo nos cambió los planes. Tailandia es un constante desafío de cambios de última hora y adversidades, y por eso mismo, nos encanta.

 

Tailandia. Julio-Agosto 2017. Organización y planificación

Día 1-2: Bangkok. Wat Pho + Chinatown + Wat Phra Kaew y Gran Palacio

Día 3: Sukhothai. Parque histórico

Día 4-5: Chiang Mai. Sunday Walking Street + Elephant Nature Park + Night Bazaar

Día 6: Chiang Mai. Principales Templos + Museo Popular Lanna + Maya Shopping Center

Día 8: Krabi (Ao Nang). Excursión Phi Phi Speed Boat. Bamboo Island +  Pileh Lagoon + Phi Phi Island + Snorkel

Día 9-10-11: Parque Nacional de Khao Sok. Safari Nocturno +  Cheow Lan Lake Overnight Tour

Día 12-13: Koh Tao. Nangyuan Island + Snorkel + Bautismo de Buceo

Día 14-15-16: Koh Samui. Bo Phut + Fisherman Village

Día 17: Bangkok. Taling Chan Floating Market + Chatuchak Market + Buda Oro Macizo +  Casa de Jim Thompson + Vuelta a la Realidad