Empezaba nuestra escapada el jueves por la tarde. A eso de las 20.00, hora local en Dublín, aterrizábamos tras un vuelo de culo inquieto por las ganas de llegar. Tal y como salimos, atravesamos las puertas del aeropuerto y encontramos la parada de los buses Airlink, número 747 y 757, que conectan el mismo con el centro de la ciudad por 7€ (o 12 i/v válido para otros días). Dependiendo de donde quede vuestro alojamiento se toma uno u otro, siendo la mejor opción para llegar al centro. Tenéis la info y horarios aquí.

Puntos más importantes del día

Airlink bus

Primera cerveza y vuelta por Temple Bar

En media hora estábamos en el centro, donde hicimos nuestro check-in en Times Hostels (1), nuestro alojamiento. Un hostal bien situado, con muy buen ambiente y personal, aunque bastante caro en relación calidad/precio, un total de 462€. En Dublín todo es excesivamente caro como iréis comprobando. Lo bueno fue que nos contaron que cada día tenían evento y justo ese día tocaba cerveza gratis. Por lo que nos lanzamos a la cocina a tomarnos una y conversar con otros huéspedes.

Nuestra habitación en Dublín

Con el apetito abierto nos encaminamos hasta la zona de Temple Bar, el barrio para salir por excelencia, donde fuimos a dar con Bunsen (2), una hamburguesería muy conocida. La elección no pudo ser más acertada, están riquísimas, tal y como habitamos leído. Lo más llamativo es que su carta es super básica, siendo formato de tarjeta de presentación. Por dos cheeseburgers, dos patatas y dos refrescos pagamos un total de 26€. De ahí volvimos a descansar.

El interior de Temple Bar, que se encontraba abarrotado y con música en directo

Una mañana de segundo día cultural…

Siempre contamos que no sentimos que estamos realmente en una ciudad hasta que nos despertamos en ella. Con la luz del día en la ventana, y tras desayunar, bajamos para dar una pequeña vuelta hasta llegar a Barnardo Square (3), donde se encuentra el ayuntamiento y donde comenzaba nuestro freetour. Una vez más elegimos el de Sandemans, aunque como siempre decimos cualquier operador puede ser igual de bueno.

El bar por excelencia, casi desierto a primera hora de la mañana

Tuvimos la suerte de que José, el guía que nos tocó, además de ser paisano gaditano, contaba todo de una manera muy clara y amena. Con él visitamos primero el Castillo de Dublín (4), un lugar que pese a llamarse castillo, lo que ofrece es un palacio del siglo XVIII. Se le llama así ya que siglos atrás si lo era, pero un gran incendio dejo sólo una de las torres en pie. Aunque es visitable, leímos en todos los lugares que es totalmente prescindible y más cuando se tiene poco tiempo.

Siguiendo el tour llegamos hasta una de las dos catedrales de la ciudad, la Catedral de Christ Church (5). Bajo nuestro punta de vista la más bonita exteriormente. En esta primera son muy conocidas las figuras momificadas de un gato y un ratón encontradas en una de las limpias del órgano. Se quedaron allí atrapados y hoy en día los dublineses les llaman cariñosamente Tom y Jerry. Podéis buscar imágenes en la web. La otra catedral es la de San Patricio, y queda un poco más al sur.

Catedral de Christ Church

La siguiente parada fue en Temple Bar (6), justo delante del bar del mismo nombre. Hay una confusión muy típica para todos los turistas. El bar en sí, tantas veces fotografiado y el más famoso de la zona, no da nombre al barrio. De hecho el bar es posterior. El nombre proviene de Sir William Temple, un señor que adquirió los terrenos siglos atrás. Toda esta zona es muy turística y tomarse una pinta en cualquiera de sus pubs es más caro que en otros puntos.

La zona de Temple Bar, abarrotada de gente

Seguimos hasta el exterior del Trinity College, donde el guía nos descubrió algunos datos de la universidad más antigua del país. Volveríamos a ella para visitarla dos días más tarde, con su increíble biblioteca. Finalmente el punto final del tour llegó junto a la famosa estatua de Molly Malone (7). Es una personaje de una famosa canción irlandesa, que cuenta que esta señora vendía pescado de día y de noche practicaba otras cosillas igual de sanas pero mas guarrindoguis. Todo el mundo que pasa le toca sus resaltes, como podéis ver en el desgaste de las fotos, ya que según se dice que si lo haces volverás a la ciudad.

Molly Malone, protagonista de muchas historias

Para almorzar elegimos un sitio cercano, The Boxty House (8), un lugar que nos pareció bastante rico y que ofrece comida tradicional irlandesa. Pedimos un estofado y una muestra de panes con una exquisita mantequilla. Tan sólo nos salió por 12€ al ser un plato de día y tomar agua gratuita de grifo, algo muy típico en cualquier restaurante.

Ambas cosas estaban muy ricas

…y una tarde de espuma fresquita

Y tras tanto recorrido cultural… ¡tocaba visitar la Guiness Storehouse (9)! El famoso museo de la cerveza negra más conocida en todo el mundo. Aunque se puede llegar en bus, aconsejamos ir andando, no se toma más de 20-25 min. Aunque muchos creen que es una visita a su fábrica, no es más que un museo en el que descubrir la historia, la elaboración del producto y ya de paso comprar merchandising.

Exterior de Guiness Storehouse

¿Es aconsejable la visita? Sin duda, más si eres cervecero aunque sólo sea un poco. ¿Es caro? Bastante para lo que es. Lo mejor es comprar las entradas a través de su web, variando el precio en función del día y hora. Nosotros cogimos el ticket para las 14.30h con la intención de ver el atardecer desde el Gravity Bar, un bar situado en su última planta con una visión 360º de la ciudad. Sin duda el mejor punto de la visita mientras se degusta una pinta incluida en el precio. A nosotros nos salió 22€/persona.

Tomando nuestra Guiness con inmejorables vistas

De regreso al centro, y siguiendo con la cerveza, nos pasamos por los primeros dos bares que conocimos. El primero, No Name Bar (10), un bar moderno en la segunda planta de un edificio que nos gustó mucho y que además cuenta con una terraza cubierta. El segundo, The Stag´s Head (11), un pub tradicional irlandés de dos plantas con muy buen ambiente donde leímos que se habían rodado incluso películas y series. Ambos con un precio de pinta en torno a los 6€, un precio aceptable para la ciudad.

Para rematar el día, nos pasamos por Elephant & Castle (12), un restaurante muy conocido por sus famosas alitas de pollo. Suele petarse mucho, por lo que habíamos reservado por la mañana. Tenemos que romper un mito, y es que no nos parecieron para tanto, además de ser bastante caro (¡nos cobraron 4€ por una cocacola!). En total pagamos por un cesto de alitas, unas patatas y un refresco 23€.

Las famosas alitas

¡Al día siguiente tocaba conocer un poco del oeste de Irlanda! 🙂

 

Dublín. Irlanda (Dic 2018). Organización y planificación

Día 3. Excursión al oeste de Irlanda (Galway + Acantilados de Moher)

Día 4. St Stephen´s Green Park + Trinity College + Kilmainham Gaol + Vuelta a la Realidad