Habíamos llegado a Puno la noche anterior desde el Colca, sin más tiempo que preparar y contratar la excursión que nos llevaría en este día hasta el Lago Titicaca y posteriormente a las ruinas de Sillustani. Tras barajar precios acabamos contratando todo con nuestro hotel, Antonio Suites, en el corazón de Puno. La ciudad al sur de Perú nos pareció muy fría, una parada práctica que sirve de unión a los viajeros que van a Cuzco o que cruzan la frontera hasta Bolivia.

Puntos destacados del día

El Lago Titicaca es el mayor de toda Sudamérica, además de ser el lago navegable a mayor altitud del mundo, y forma parte de la frontera entre Perú y Bolivia. Íbamos a emplear la mayor parte del día en long boat conociendo algunas de sus islas. Por esto pagamos 60 soles/16€ por persona. Posteriormente, un taxista-guía nos recogería en el propio muelle de Puno a nuestra llegada de la primera excursión para ir a visitar las torres funerarias de Sillustani. Esto nos salió 150 soles/40€/ambos. Es posible realizar excursiones organizadas más baratas, pero el horario es incompatible para realizar lo que nos habíamos propuesto en un sólo día.

Desde el muelle, con Puno al fondo

Así pues, tras desayunar, una van nos llevaba hasta el muelle de Puno (1), desde donde partiríamos. La primera parada no sería otra que las islas flotantes de los Uros (2), una comunidad que tienen la peculiaridad de haberse instalado en islas flotantes hechas por ellos mismos con juncos de totora que nacen en el lago. Desde ya os decimos, que como bien nosotros también habíamos leído, toda esta excursión era extremadamente turística, y así lo iríamos comprobando.

En el interior de la embarcación

Hay diferentes islas flotantes, y cada barco para en una diferente. En cada una vive una pequeña comunidad, y estos te reciben a tu llegada con algún cántico en aimara, una lengua muy común de la zona. Las raíces de los juncos miden hasta 3 metros y la sensación de andar en la isla es muy extraña, pues parece que vas andando sobre algo inestable.

La turística bienvenida a su isla

Lo primero que hicieron fue animarnos a dar una pequeña vuelta en un barco de colores hecho de totora, eso sí, pagando un extra de 10 soles por persona. Lo hicimos por ese pensamiento tan común de…“Total, ya que estamos aquí”. Tras esto, de vuelta a la isla, nos sentaron en circulo y nos enseñaron y contaron cosas de su vida cotidiana.

Una de las embarcaciones de los Uros

Finalmente, nos dividieron en grupos pequeños y cada uno podía entrar en la casa de alguno y charlar con ellos, además de querer vendernos productos hechos por ellos mismos. Hicimos mil preguntas y nos explicaron que hoy en día siguen viviendo allí porque el turismo lo ha hecho posible. En algunas islas las casas tienen hasta televisión. Aunque todo es bastante interesante, nos fuimos con la sensación de formar parte del circo turístico, por lo que hay que ir con ese pensamiento bien claro.

Mientras nos explicaban su modo de vida

Tras una parada intermedia donde se podían comprar algunos snacks, fuimos directo hasta la Isla Taquile (3). Desembarcamos y fuimos subiendo hasta un mirador, desde donde veíamos Bolivia a lo lejos. De ahí andamos un poco hasta llegar a una especie de patio de unas casas, donde tenían unas mesas preparadas al aire libre para el almuerzo (incluido en el precio).

Con Bolivia a lo lejos

La comida consistió en sopa quinoa, trucha y tortilla de verduras, sorprendentemente muy buena. Mientras tanto nos iban explicando la forma de vida los habitantes de la isla: los taquiles. Una comunidad de habla quechua con una fuerte identidad de grupo. Nos explicaron su vida, algunas oscuridades sobre como tejían sus sombreros en función de su estado civil, las plantas que utilizaban para hacer champú o lavar la ropa, etc. De nuevo todo un poco forzado, la actitud del guía tampoco nos terminaba de convencer.

Con la barriga llena, pudimos pasear por el centro de la isla y su plaza de armas. Allí había un edificio donde comprar artesanías y en el otro extremo una exposición fotográfica. Pasear por la isla era muy relajante. Desde allí cruzamos la isla en dirección opuesta a donde habíamos desembarcado y fuimos a buscar nuestro barco a otro muelle. La bajada se hacían por una escaleras interminables pero una vistas tremendas.

Plaza principal de la isla Taquile

Algo muy común entre los viajeros que tienen más tiempo o bien las llama más esta parte, es la opción de quedarse a dormir en alguna de las casas de la isla con una familia bien en Taquile o sobretodo en la Isla Amanantí, otra isla cercana que no llegamos a visitar. No tiene que ser una mala opción en absoluto, sólo por disfrutar de una noche con cielo estrellado en mitad de un enorme lago.

La vuelta a Puno de una hora y media fue muy relajante, ya que nos subimos a la parte alta del barco, entera para nosotros, donde disfrutamos de la brisa y el sol. Ese recuerdo lo mantenemos como algo indescriptible del viaje, esa sensación que no se puede explicar pero en el que te sientes en armonía con todo.

Ya en el muelle, tras salir un poco, nos esperaba el guía-taxista que habíamos contratado para visitar Sillustani (4), a una hora de Puno. Este lugar es conocido por sus torres funerarias o chullpas, construcciones de un antiguo pueblo guerrero que vivía en la zona. Estas torres de piedra servían como tumbas para familias completos. El lugar es privilegiado, y el haberlo hecho por libre en taxi y a última hora, hizo que estuviera prácticamente entero para nosotros. ¡Vaya gozada!

Las torres funerarias se intuyen en la colina, a lo lejos

El guía nos dejo a nuestra aire por la zona, no nos contó mucho acerca de las ruinas, aunque si que fue muy interesante conversar con él, ya que pertenecía a una familia quechua de la zona, y nos contó su forma de vida (bastante anticuada en muchos aspectos por cierto) y como se movía la zona. Estas charlas con gente local las disfrutamos muchísimo y se aprende más que en cualquier museo.

Una luz única para despedir el día

De vuelta a Puno, hicimos un poco de tiempo cenando y dando una vuelta, antes de ir hasta el hotel a recoger nuestras cosas y coger un taxi hasta la estación de buses (5 soles/1,5€). De nuevo cogíamos un bus nocturno con la compañía Cruz del Sur, esta vez para llegar a Cuzco, por un total de 33€/persona.

¡Nos esperaba Machu Picchu!

 

Perú. Agos-Sept 2018. Organización y planificación

Alojamientos durante nuestro viaje

Día 1: Lima. Miraflores + Cambiar dinero

Día 2: Paracas. Reserva Natural de Paracas

Día 3: Paracas e Ica. Islas Ballestas + Buggy y Sandboarding en desierto de Paracas + Bodega de Pisco + Oasis de la Huacachina

Día 4: Nazca. Líneas de Nazca + Cementerio de Chauchilla + Acueducto de Cantalloc + Planetario Maria Reiche

Día 5: Arequipa. Freetour + Museo Santuarios Andinos + Monasterio de Santa Catalina

Día 6-7: Valle del Colca. Reserva Nacional de Salinas + Mirador de Patapampa + Yanque + Baños termales + Cruz del Cóndor

Día 9: Cuzco (1). Freetour + Plaza de Armas + Qorikancha + Mercado Central de San Pedro + Barrio de San Blas + Centro de Qosqo de Arte Nativo

Día 10: Cuzco, Valle Sagrado (2). Pisac + Tambomachay + Pukapukara + Q´enqo + Sacsayhuamán

Día 11: Cuzco, Valle Sagrado (3). Chinchero + Moray + Salineras de Maras + Ollantaytambo + Llegada a Aguas Calientes

Día 12: Cuzco, Valle Sagrado (4). Machu Picchu

Día 13: Cuzco y alrededores (5). Montaña Arcoiris o de los 7 colores

Día 14: Iquitos. Amazonas peruano

Día 15-16-17-18: Selva del Amazonas. Amazon Muyuna Lodge.

Día 19: Lima. Plaza de Armas + Monasterio de San Francisco + Parque del Amor + Vuelta a la Realidad